A veces, cuando te agachas para atarte los zapatos, pienso en reventarte el cráneo.
Me imagino que cojo esa figura horrorosa que te regaló tu hermana y te la estampo en la cabeza. Te daría un único golpe, sabes que soy de un solo movimiento. Puedo oír el sonido que haría tu hueso occipital al quebrarse y cómo se astillaría en tu cerebro.
A lo mejor así se te borrarían todas las memeces que tienes en la cabeza. Porque solo sueltas tonterías. Porque eres estúpido.
A lo mejor así me libro de ti y de tu odiosa familia.
Sois todos igual de insoportables, desde la asquerosa de tu madre hasta los monstruos de tus sobrinos. Sois insufribles.
Tu madre siempre tiene algo que decir de todo lo que hago: que si he engordado, que si el pollo está seco, que si la casa está desordenada, que a ver cuando tenemos hijos que se me pasará el arroz... Parece que viva para criticar todo lo que me rodea. Pero siempre será mejor que tu hermana.
Tu hermana es un ser pusilánime a la sombra de su marido. Solo vive para criar a sus hijos, que a lo único que se dedican es a mirar el móvil y quejarse. Mamá, tengo hambre. Mamá, quiero irme a casa. Mamá, esto no me gusta. Mamá. Mamá. Mamá. Arghh. Alguna vez me ha tentado el darles un bofetón y quitarles la tontería de encima. Te juro que lo haría encantada pero sé que tendría problemas con su marido.
Y qué decir de su marido. Su único interés es el dinero. Todo el día hablando de herencias, propiedades o sueldos. Me lo imagino rezando cada noche para que tus padres se mueran pronto y pueda quedarse con su piso, la casa de Pontevedra y el bajo que tienen en Madrid. Además, es un agarrado y un jodido machista. En su vida se ha gastado un solo céntimo en alguien que no sea él. Y tú tan idiota siempre invitándoles a cenar, que si el vino lo pongo yo, que si las estrenas para tus sobrinos las damos nosotros. ¿Y ellos qué? Una insulsa batidora nos regalaron por la boda. Una batidora que sigue en la caja de cartón. Es un insulto que el día —supuestamente— más importante de nuestras vidas tu familia decida regalarme una batidora. ¿Eso piensan que soy? ¿A eso me resumo? ¿Al sujeto que pone en marcha un cacharro para triturar comida?
Pero tu padre sí que es un misógino de manual. Aunque tu madre se suba mucho cuando estamos delante, él es quien la domina. Haz esto. Haz lo otro. Mientras, él sienta su enorme culo en el sofá y desde su sitio privilegiado empieza a darnos órdenes a todos. Incluso a mí. ¿Quién se cree él para mandarme? ¿Y cuando te dice que me tienes muy suelta? Como si yo fuera un perro al que amaestrar.
Pero sin duda lo que más detesto es esa horrible manía que tiene tu familia de pensar que las personas somos objetos que pueden usar a su gusto. Me horroriza.
Por eso decidí hace tiempo que no traería al mundo un hijo mío con tu apellido. Me niego a darle la vida a otro ser despreciable.
Por eso, a veces, cuanto te agachas, pienso en deshacerme de ti y de todo lo que te rodea. Porque si no lo hago la que acabará matándose seré yo. Porque no aguanto más.
Te daría un único golpe, sentirías un intenso dolor, pero sería muy breve. Te lo juro. Tengo buena puntería.
A veces acerco la mano y sostengo la figura pero el brazo me tiembla. La levanto en el aire unos segundos pero enseguida empieza a pesar cientos de kilos, toneladas, y tengo que dejarla en su sitio. El corazón empieza a latirme tan rápido y con tanta fuerza que me ametralla. Palidezco y sudo.
Entonces siempre te levantas y me dices que me notas extraña. Y me das un beso. Uno de tus besos que me saben a mierda.
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