lunes, 9 de mayo de 2016

Insomnio I

"AIRE...ABRÁZAME" / "AIR...HOLD ME"
Pintura de NURIA MESEGUER
http://nuriameseguer.blogspot.com.es


Llevo seis días sin dormir. 
El cansancio se acuna bajo dos medias lunas violetas que oscurecen cada minuto que sigo despierta. Rodillas y codos se resienten, el estómago cerrado y la piel cenicienta.
El cuerpo lucha contra la mente, pero ella es más fuerte. A veces le da una prórroga, los párpados caen y consigo descansar un momento. Pero al poco tiempo acabo volviendo. 
Llevo seis días observando la cama, memorizando cada pliegue de las sábanas mientras el segundero del reloj martillea mis tímpanos. Las retinas me arden, recriminándome que haya gastado todas las lágrimas que podía almacenar. 

Me ha invitado a su casa porque no nos hemos visto desde aquel día. 
No has comido nada, señala mi plato. 
Estoy indispuesta, respondo. 
Me ofrece su cama, dice que se me ve agotada.

Me tumbo pero no consigo vaciar la cabeza. Cuanto más esfuerzo dedico por mantenerla en blanco, más pensamientos tintan mi mente. Aprieto los párpados.
Entonces el colchón se hunde a mis espaldas con un leve crujido. Protesto pero no me muevo. Vete, musito, pero no me hace caso. 
Me pasa el brazo por encima de la cintura y lo intento apartar de un manotazo, pero insiste tanto que me doy por vencida, dejando que caiga sobre mí. Los muelles vuelven a crujir y noto ahora su mejilla sobre la mía. Su piel es cálida, siempre lo ha sido, y poco a poco la mía va acostumbrándose a su temperatura. Entonces vuelve a mover la cabeza, separando su cara para apoyarla de nuevo en otro punto. El borde de su oreja roza la mía y se deja caer encima. Durante unos segundos no oigo nada por el oído derecho, pero enseguida vuelve a aparecer el sonido.

¿Es el mar lo que oigo?

Escucho las olas acercándose a la costa y el burbujeo cuando rompen sobre ella. 
Voy acompasando inconscientemente la respiración con el ritmo del mar que surge de su oreja, siendo ésta más tranquila y profunda. Su respiración también se une, subimos y bajamos el pecho a la vez. El sonido de la playa va haciéndose más intenso, tanto que puedo sentirme allí. Puedo oler el salitre. 
Siento que el nudo del estómago va deshaciéndose, las extremidades ya no están entumecidas ni los músculos contraídos. Estoy flotando en medio del océano, y poco a poco voy hundiéndome. La luz se hace menos intensa, lejana. 
Hasta que desaparezco, al fin, después de seis días sin dormir.

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Perdón por no contestar antes. Acabo de ver tu comentario.
      ¡Mejor tarde que nunca! Gracias por leer y comentar. Un beso.

      Eliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar