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| "AIRE...AB Pintura de NURIA MESEGUER http://nuriameseguer.blogspot.com.es |
Llevo seis días sin dormir.
El cansancio se acuna bajo dos medias lunas violetas que oscurecen
cada minuto que sigo despierta. Rodillas y codos se resienten, el estómago
cerrado y la piel cenicienta.
El cuerpo lucha contra la
mente, pero ella es más fuerte. A veces le da una prórroga, los párpados caen y
consigo descansar un momento. Pero al poco tiempo acabo volviendo.
Llevo seis días observando
la cama, memorizando cada pliegue de las sábanas mientras el segundero del
reloj martillea mis tímpanos. Las retinas me arden, recriminándome que haya
gastado todas las lágrimas que podía almacenar.
Me ha invitado a su casa
porque no nos hemos visto desde aquel día.
No has comido nada, señala mi plato.
Estoy indispuesta, respondo.
Me ofrece su cama, dice que se me ve agotada.
Estoy indispuesta, respondo.
Me ofrece su cama, dice que se me ve agotada.
Me tumbo pero no consigo
vaciar la cabeza. Cuanto más esfuerzo dedico por mantenerla en blanco, más
pensamientos tintan mi mente. Aprieto los párpados.
Entonces el colchón se
hunde a mis espaldas con un leve crujido. Protesto pero no me muevo. Vete,
musito, pero no me hace caso.
Me pasa el brazo por encima de la cintura y lo intento apartar de un manotazo, pero insiste tanto que me doy por vencida, dejando que caiga sobre mí. Los muelles vuelven a crujir y noto ahora su mejilla sobre la mía. Su piel es cálida, siempre lo ha sido, y poco a poco la mía va acostumbrándose a su temperatura. Entonces vuelve a mover la cabeza, separando su cara para apoyarla de nuevo en otro punto. El borde de su oreja roza la mía y se deja caer encima. Durante unos segundos no oigo nada por el oído derecho, pero enseguida vuelve a aparecer el sonido.
Me pasa el brazo por encima de la cintura y lo intento apartar de un manotazo, pero insiste tanto que me doy por vencida, dejando que caiga sobre mí. Los muelles vuelven a crujir y noto ahora su mejilla sobre la mía. Su piel es cálida, siempre lo ha sido, y poco a poco la mía va acostumbrándose a su temperatura. Entonces vuelve a mover la cabeza, separando su cara para apoyarla de nuevo en otro punto. El borde de su oreja roza la mía y se deja caer encima. Durante unos segundos no oigo nada por el oído derecho, pero enseguida vuelve a aparecer el sonido.
¿Es el mar lo que oigo?
Escucho las olas
acercándose a la costa y el burbujeo cuando rompen sobre ella.
Voy acompasando
inconscientemente la respiración con el ritmo del mar que surge de su oreja,
siendo ésta más tranquila y profunda. Su respiración también se une, subimos y
bajamos el pecho a la vez. El sonido de la playa va haciéndose más intenso,
tanto que puedo sentirme allí. Puedo oler el salitre.
Siento que el nudo del
estómago va deshaciéndose, las extremidades ya no están entumecidas ni los
músculos contraídos. Estoy flotando en medio del océano, y poco a poco voy
hundiéndome. La luz se hace menos intensa, lejana.
Hasta que desaparezco, al fin, después de seis días sin dormir.
Hasta que desaparezco, al fin, después de seis días sin dormir.

sumergida contigo, amanece
ResponderEliminarPerdón por no contestar antes. Acabo de ver tu comentario.
Eliminar¡Mejor tarde que nunca! Gracias por leer y comentar. Un beso.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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