martes, 17 de enero de 2017

Crónica de un amor desgastado

Ayer celebramos nuestro quinto aniversario y me sentí totalmente fuera de lugar. Los regalos, la cena, el hotel… Un escenario lleno de atrezzo para darle sentido a esta obra con un pésimo guión. Me compraste la Nespresso que nos hacía falta, yo te regalé un móvil nuevo. Follamos y nos fuimos a dormir sin desearnos las buenas noches.

¿Por qué de repente me siento diferente a tu lado?

Empiezo a reflexionar y sé que no es algo nuevo, que es una verdad que ha estado latente durante mucho tiempo. Cuando estoy contigo ya no siento nada, ni amor, ni deseo, ni ganas. Que nos besamos y siento que tu boca no está conectada a tu persona, que solo me inspiras neutralidad. Cuando esto ocurre siento que es algo mutuo, que nuestras bocas se mueven por inercia y tenemos sexo para matar el tiempo. El interés entre los dos ha disminuido, es un hecho. Desde hace un par de meses ya no me miras igual, no hablamos nunca de nada. La necesidad de estar juntos en todo momento ha desaparecido. Hacemos mil planes con nuestros amigos porque no queremos aceptar que ya no nos sentimos a gusto los dos solos. Creo que nos hemos acomodado en esta relación porque no queremos estar solos de nuevo, que nos da miedo levantarnos cada mañana en una cama fría, cocinar para uno mismo o pasear por una casa vacía.

Me aterroriza no ponerle nombre a esta sensación que ha anidado en mi pecho.
Si pienso en que toda mi vida va a ser igual, conformándome con tu compañía, me echo a temblar. Siento que nunca volveré a tener momentos especiales, ni a excitarme, ni a morirme por quitarte la ropa y comerte a besos. Pero pensar en tu ausencia también me asusta. Te echo en falta cuando no estás, te aborrezco cuando vuelves. ¿Es esto el amor adulto?

En algún momento nos amamos como lo hacen los niños. Ahora no sé si despedirme con un te quiero, si terminarlo con una interrogación o un punto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario