viernes, 28 de octubre de 2016

El viejo y el perro


Cuando el perro se despierta el viejo sigue durmiendo. Espera pacientemente, sin moverse, hasta que el viejo aparta las mantas y mete los pies en dos pantuflas gastadas. Cuando al fin se levanta y echa a andar a la cocina, el perro le sigue. El viejo se sienta frente a la mesa y el perro se tumba a sus pies. Le cae algún mendrugo de pan y un poco de queso, chorizo o jamón. El perro mastica con dificultad porque no le quedan casi dientes.

El viejo baja al pueblo y el perro le acompaña. Va a su lado, ambos llevan el mismo ritmo. El viejo cojea de la pierna izquierda y el perro imita el movimiento de su dueño arrastrando la pata trasera. El camino, aunque sea corto, se hace pesado para ambos y tienen que parar en varios puntos a descansar. 

El viejo llega al bar y entra. El perro, en cambio, se queda parado en la puerta sin necesidad de que el viejo se lo mande. Se recuesta junto a la entrada y espera. La gente del pueblo sale y entra, algunos se paran a acariciarle y rascarle detrás de la oreja pero el perro permanece impasible. Un grupo de niños se acerca y llama al perro pero éste los ignora. Los niños le gritan, se burlan de él y le tiran comida pero el perro sigue sin levantarse. Murmuran que está ciego y sordo, que no anda porque está muy gordo. Uno de los niños se acerca para hacerle una malicia, le intenta estirar de la oreja pero el perro es rápido y le muerde antes de que lo consiga. El niño mira su mano herida y la marca de los tres colmillos del perro, los únicos dientes que no le han caído todavía. Los niños corren y el perro sigue descansando hasta que el viejo sale. El perro le acompaña hasta casa.

Comen los dos juntos y pasan el resto de la tarde viendo películas del Oeste. Cenan sentados delante del televisor. 

A las diez, el viejo se levanta y va a la cama. El perro espera sentado a que el viejo se quite la ropa y se ponga el pijama. El viejo levanta con dificultad al perro, que está demasiado gordo, anciano y torpe para saltar al colchón. El viejo abre la cama, se mete dentro y, con el perro a sus pies, apaga la luz.

Juntos se duermen.

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