Las personas nos apropiamos de las palabras y distorsionamos su
significado, quitándole sentido, devaluando así todo lo que sale por nuestra
boca. No hablo en nombre de un colectivo, hablo por mí, aunque a veces me
cueste tanto. Escribo esto porque estoy harta. Harta de que me juzguen, de que
me describan con el vocabulario que ellos creen correcto. Siento la culpa
cruzando mis arterias. Me dicen, silenciosamente, que yo he elegido estar así,
que es algo que puedo controlar, como si volver a funcionar bien fuera tan
fácil como reiniciar un ordenador que se ha quedado pillado.
En el fondo sé que no lo hacen con mala intención, pero me cansa. Me cansan
sus voces y me cansa la mía, que también me repite que soy yo la autora de
todo.
Soy lo que siento, pero sobre todo, soy cómo
siento. Y estoy agotada de tener que justificarme por ello, de pedir perdón
repetidamente por no funcionar como el resto. Estoy agotada de la filosofía
Mister Wonderful donde todo se consigue si se quiere, que las emociones se
dividen en buenas y malas y no estar feliz constantemente es un delito.
Siento no estar brincando de alegría. Siento quejarme. Siento estar
descontenta, triste, desilusionada, apática.
Siento tener este problema y tener que explicar a todo el mundo el porqué
de ello. Pues no lo sé. Solo sé que forma parte de mí, de mi día a día, de mi
manera de ver el mundo. Quien no lo ha sufrido no sabe de qué hablo, de cómo me
he llegado a sentir, cómo he notado que me iba hundiendo sin saber la razón. Lo
llega a ocupar todo, hasta se apodera de tu autonomía y empiezas a vivir por
inercia. Tu existencia comienza a pesar. Insomnio, náuseas, vómitos, disnea,
palpitaciones, temblores, artralgia, cefalea… Un abanico de síntomas físicos
que te acaban de joder, que te encierran más.
Y aguantas hasta que sientes que la piedra que te hunde el pecho es demasiado pesada, que ya no puedes respirar por ti misma.
Yo no pido que carguen con ella, ni que me salven. Solo deseo que me entiendan. El problema es que nadie quiere escuchar. Solo suponen, piensan, creen. Nadie pregunta, por tanto, no existen respuestas.
Yo no pido que carguen con ella, ni que me salven. Solo deseo que me entiendan. El problema es que nadie quiere escuchar. Solo suponen, piensan, creen. Nadie pregunta, por tanto, no existen respuestas.