mira cariño donde señala mi mano
quiero ver cómo respiras cómo
tus pequeños músculos se marcan cómo
la boquita se te pone azulada
no llores pequeña no puedo escuchar
los silbiditos aéreos
el lloro hecho cápsula
tienes los ojos acomillados
de tanto apretar el ceño
ningún cuerpo tan diminuto
debería almacenar Enfermedad
sollozas porque la aguja se ha hecho tu amiga
y no entiendes qué has hecho
para estar castigada tantos días
anclada a un gotero
unas gafas nasales
que no dejan de ahogarte
lunes, 23 de septiembre de 2019
domingo, 1 de septiembre de 2019
Jamás he parido pero nací siendo madre
Jamás he parido pero nací siendo madre
Nadie me enseñó a alimentar a una cría y aún así las acuné hasta calmar el hambre
En mi pecho no se forma calostro pero es cobijo de cada ser indefenso, maltratado y abandonado
Fui el Sol al que siguen los tallos, creciendo altos y robustos, hasta terminar en hoja
He acogido en la madriguera a todos los niños perdidos, regándolos, curándolos
He mojado el pulgar para borrar la mancha
cepillar el pelo
cortar la hemorragia
quedándome sin saliva en cada beso que acontece la despedida
Lloré cuando silenciosos se marcharon
y con mis manos todavía temblorosas
cavé sus tumbas
limpié sus nichos
Podrán decir de mí muchas cosas pero jamás que no los cuidé lo mejor que supe
Siempre repartí la mejor parte entre ellos
alimentándome yo de migas
y como buena nodriza
traté a todos mis hijos por igual
martes, 30 de julio de 2019
Sobre coños, menstruación, aborto y demás parafernalia ginecológica
Recuerdo la primera vez que menstrué. No sabía que había sangre en mis bragas, solo noté un líquido denso, pegajoso y asqueroso que no sabía de dónde aparecía. Una escucha historias de viejas de trapos manchados de sangre roja, fresca, líquida y no imagina que la menarquia es una pasta marrón, más parecida al vómito o a esa palabra que todos sabemos pero no queremos nombrar que a la sangre. Volví a manchar un par de meses después, sin saber que menstruaba, solamente teniendo consciencia de que algo no iba bien allí abajo. Avergonzada digo que pasó más tiempo del necesario para por fin confesar a mi madre que creía que me había bajado la regla. La confirmación de la experta y a empezar el ritual de la vergüenza: compresas escondidas como poyos de coca, nada de blanco durante esos días, pánico de mancharte, mancharle a él si algún día me venía mientras estábamos follando.
Desconocí el funcionamiento de mi vulva hasta una charla en cuarto de la ESO, donde me hablaron del clítoris por primera vez. Había intentado masturbarme pero no sabía muy bien qué hacer hasta que en una de esas charlas que ciertos partidos de extrema derechas (perdón, CENTRO-derecha) califican de innecesarias me abrieron los ojos y guiaron metafóricamente mis manos. A los casi dieciséis años conocía cómo poner un condón, sobre la eyaculación masculina o las tropecientas ITS que puedes coger si juegas sin seguir las reglas, pero desconocía cómo masturbarme porque tenía pánico de preguntar a mis amigas. Las chicas no se masturban hasta que una decide contarlo y entre tímidas intervenciones acabamos confesando que nos hemos rozado con almohadas, que nuestros novios solo nos hacen el mete-saca y que andan más perdidos que nosotras. Las RRSS y cumplir años nos salvaron. Todas hablamos de los Satisfyer, de los descuentos en bolas chinas, vibradores, anillos, el secreto de los caramelos Halls negros. Ahora ya no te pones colorada si te preguntan qué te gusta, indicas claramente el qué, cómo y a qué ritmo.
Aun así, aunque el tabú de la regla y la masturbación femenina haya desaparecido en ciertos círculos, no tenemos ni idea de abortos, ciclos menstruales —que no menstruación— y cómo funcionan las pastillas anticonceptivas. Siguen metiéndonos el miedo en el cuerpo, imaginando que ir a abortar es el proceso traumático en el que te meten una aspiradora industrial por la vagina mientras tiemblas del dolor y del shock hemorrágico. ¿Cuántas de nosotras no hemos disfrutado del sexo por el miedo al embarazo? ¿Cuántas hemos oído hablar de las pastillas anticonceptivas como si fueran veneno? ¿Cuántas...? Muchas, todas.
La información es el mejor bálsamo del miedo. Compartamos experiencia, hagamos visible lo molesto, reduzcamos los bulos al absurdo y sobre todo, acompañemos a quien no ha podido recibir una educación sexual digna para que decida libremente y sufra lo mínimo posible.
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