Aunque me avergüence admitirlo
muy de vez en cuando
robo cosas
sustraigo, hurto, mango, siso, joseo
Pequeñas inutilidades
olvidadas casi siempre
que nadie hecha en falta
coleteros, pulseras, bolígrafos, llaveros, libretas
Detalles anónimos que hago míos
usurpando su esencia
colmándolos de mí
La caza rápida me emborracha de adrenalina
y exhibo el trofeo silencioso
sabiendo que me he adueñado de un alma
como hice con este cuaderno que lleno de versos
aunque no he logrado deshacerme de su dueño
En primera página escritas unas cuestiones
¿Volverá a crecerme el pelo?
¿Qué posibilidad hay de que vuelva a pasar lo que pasó?
¿Cuánto tiempo me queda?
Tres preguntas, una elipsis
palabra prohibida
“larga enfermedad” para la prensa
“neoplasia” en código médico
“batalla” para quien lo sufre
y nunca, nunca, nunca
nombramos el cáncer -conjuro maldito-
Y yo me niego y repito
cáncer
cáncer
cáncer
Y si soy más precisa
cánceres
Reniego de la jerga ridícula
donde los enfermos son luchadores
y la medicina una guerra
Aquí no hay enemigos
no se gana
tampoco se pierde
solamente
se espera
se deja cuidar
En esta libreta perdida en una estación de tren
donde trazo con rabia cada palabra
te contesto
querido desconocido
que todo depende del tumor que albergues,
de la quimioterapia que recibas
y del testarudo azar
Querido desconocido
siento haber expoliado tus dudas
siento tu enfermedad
por lo que si algún día
lees estas palabras de una extraña
quiero que sepas
que comparto contigo
todo este cáncer
viernes, 28 de diciembre de 2018
miércoles, 5 de diciembre de 2018
Millennial love
Encajar en la
balda aquel primer libro
fue más íntimo
que una alianza
dejarte las
líneas subrayadas de cada lectura
así descontextualizado
para que
descubras realmente quién
habita esta casa
El dormitorio de
infancia en dos cajas de cartón
las bragas de los
días de mujer
las ojeras de
víspera de entrega
el cajón de los porsiacasos
comida en packs
indivisibles
Construir un
hogar es destruir el anterior
el adiós a una
madre enquistado en el hígado
transportar el
polvo a una nueva casa
miércoles, 31 de octubre de 2018
Mamá
Mi madre ya no ve cine de terror porque tiene miedo de que su guionista interno sea más cruel que cualquier director. Pasa las tardes tejiendo mientras consume entretenimiento barato que calla las voces que la atormentan.
Mi madre se levanta a las cinco de la mañana porque los huesos duelen de estar en decúbito y prepara café para que cuando despierte me entristezca dejarlo enfriar. Busca en actos menudos una razón para que no vuelva a morir en mi cama.
Mi madre toma cada mañana cuatro pastillas que la mantienen cuerda. Insiste en que tome las mías y no cruce la línea donde ella se encuentra.
¿Cuántas locas necesita una familia para que esté maldita?
Mi madre llora porque detrás hay un padre que no entiende que la locura es un prisma roto que emite imágenes torcidas. Cada reproche es un hachazo en la espalda.
Mi madre durante un tiempo dejó de ser mi madre. Tuve que ser yo su madre y convertirme en mi abuela porque solo una madre salva a otra madre.
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